Mitos y Leyendas guatemaltecas

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miércoles, 9 de noviembre de 2011

La Leyenda del Perro y Kakasbal



Cuenta la leyenda que había un hombre que siempre vivía de mal humor y nunca perdía la ocasión de maltratar a su perro, quien era muy infeliz.

Un espíritu del mal, llamado Kakasbal, observó la situación y detectó que podía sacar mucho provecho de esto y de la rabia que seguramente sentía el perro contra el hombre. Por lo que un día se le apareció al perro y entablaron esta conversación:

Kakasbal: ¿Te veo triste, te sucede algo?

Perro: Cómo no voy a estarlo si mi amo me pega y me maltrata cada vez que puede.

Kakasbal: Los he estado observando y sé que te trata muy mal. ¿Por qué no lo abandonas?

Perro: Porque él es mi amo y debo serle fiel.

Kakasbal: Pero si necesitas ayuda, yo podría ayudarte a escapar.

Perro: No. Nunca lo abandonaré.

Kakasbal: Pero nunca va a valorar tu fidelidad. Ni si quiera te lo va a agradecer.

Perro: Pero siempre le seré fiel.

Kakasbalcontinúo insistiendo por un largo rato, por lo que el perro decidió quitárselo de encima diciéndole:

Perro: Me has convencido. ¿Qué debo hacer?

Kakasbal: Es muy fácil, solo debes entregarme tu alma.

Perro: ¿Que obtendré si te la doy?

Kakasbal: Lo que tu desees.

Perro: Entonces quiero que me des un hueso por cada pelo de mi cuerpo.

Kakasbal: Está bien, acepto.

Perro: Entonces empieza a contar.

Kakasbalempezó a contar los pelos del perro pero cuando llego a la cola el perro recordó la fidelidad que debía a su amo y pegó un salto, haciendo que Kakasbalperdiera la cuenta.

Kakasbal: ¿Por qué te mueves?

Perro: Las pulgas hacen que me dé comezón y no puedo dejar de moverme. Vuelve a empezar.

Kakasbal tuvo que empezar una y otra vez, hasta llegar a cien veces. Al fin Kakasbal dijo:

No cuento más. Me has engañado pero me has dado una lección. Ahora sé que es más fácil comprar el alma de un hombre que el alma de un perro.

jueves, 13 de octubre de 2011

La Tatuana



Algunos autores establecen que el origen de esta leyenda se llevo a cabo en la época en que la Capital de Santiago de los Caballeros inició con su traslado hacia la Ciudad de Guatemala de La Asunción, actualmente capital de Guatemala.

Existen varias versiones de la leyenda de “La Tatuana”, una de ellas cuenta que se trataba de una anciana con una misteriosa personalidad, se caracterizaba por tener una mirada profunda y aterradora y por tener avanzados conocimientos en la magia negra. Recorría las calles de Guatemala realizando sus hechicerías a las personas que se lo pedían y con lo que ganaba adquiría lo necesario para poder sobrevivir.

Otras historias cuentan que no era una anciana sino una señorita de ojos negros brillantes, cabello largo, obscuro recogido con dos grandes trenzas y de buen porte. Su mirada era penetrante.

Y la última versión, según el famoso libro Leyendas de Guatemala, de Miguel Ángel Asturias, relata que se trataba de una esclava, llamada Manuela, quien fue adquirida por un anciano que poseía conocimientos esotéricos y que se convirtió en su alumna. Cuenta que el anciano le tomo un gran aprecio a Manuela y la dejo en libertad, tatuándole con la uña un barco en el brazo, con el fin de que a través de este símbolo, ella pudiera escapar de cualquier peligro, esto le permitía a Manuela escapar de prisión, luego de dibujar en la pared este barco. Ella desaparecía por completo dejando un olor a azufre. Antes de que las bartolinas del Palacio de Gobierno de la Nueva Guatemala de la Asunción se destruyeran por los terremotos del 1917 y 1918, cuentan que se pudo observar uno de los barcos dibujados por Manuela, en una de sus paredes.


miércoles, 2 de marzo de 2011

El Sombrerón y Las mulas del zapote

Cuentan que cuando la Finca El Zapote de la ciudad de Guatemala iniciaba en la elaboración de cerveza, los barriles eran transportados en carretas jaladas por mulas, al terminar el día las mulas descansaban en establos dentro de la finca, Sebastián Castillo era el nombre del encargado de cuidarlas, él dormía cerca del establo y estaba pendiente de lo que ocurría con las bestias.

Una noche cuando terminaban de trabajar y ya estando las mulas en el establo, Sebastián decidió descansar, a las pocas horas de haber conciliado el sueño un alboroto dentro del establo lo despertó, tomó su lámpara de aceite y su escopeta y caminó hasta el establo, al entrar encontró a las mulas embravecidas y muy agitadas con espuma saliendo de sus hocicos, Sebastián sorprendido y al mismo tiempo asustado comenzó a buscar entre las bestias el motivo de tal alboroto, pero no encontró nada y decidió ir a descansar nuevamente, pero el relajo continuó toda la madrugada.



Al siguiente día, Sebastián se levantó con esa espinita dentro de él, queriendo saber que era lo que había pasado la noche anterior con las bestias, pero decidió no prestarle mucha importancia y se dirigió al establo a sacar a las mulas para un nuevo día de labores, al abrir las puertas del establo encontró a las mulas con las crines trenzadas, pequeñas y muy bien elaboradas.

Desde ese día las mulas empezaron a rendir menos en su trabajo, caminaban muy despacio y algunas se pusieron muy enfermas, por esta razón los muleros empezaron a azotarlas para así obligarlas a trabajar y a que caminaran más rápido, lo que no sabían era que las mulas estaban cansadas porque alguien las estaba desvelando todas las noches.

Sebastián quiso ponerle fin a esas molestias en la madrugada y en el trabajo, así que le contó lo que estaba pasando a Enrique y a César dos de los muleros y les propuso que se quedaran a velar con él esa noche para probar si podían ver qué era lo que estaba pasando. Los dos muleros aceptaron y se entretuvieron jugando naipe afuera del establo, cuando de repente justo a la media noche los perros empezaron a ladrar, las gallinas a cacarear, se escuchó el sonido del viento silbando y moviendo las hojas de los árboles acompañado de un frío escalofriante y el escándalo inició de nuevo dentro del establo, los tres decidieron entrar con precaución y un tanto de miedo por no saber lo que iban a encontrar allí dentro, al abrir las puertas del establo se dieron un gran susto al ver a un pequeño hombrecito subido en el lomo de una de las mulas, era bigotudo, moreno y vestía de negro con un gran sombrero, este hombrecito al verlos le jaló las riendas a una de las mulas e hizo que se parara en dos patas, los muleros y Sebastián intentaron atrapar al pequeño hombrecito pero este al ver cuáles eran sus intenciones se hizo invisible y escapó.

Después de esto los muleros y Sebastián estuvieron haciendo planes sobre cómo engañar a su dolor de cabeza, pasaron toda la tarde pensando hasta que al fin dieron con una posible solución, fueron a encerrar a las mulas a otro establo y en su lugar pusieron caballos hechos de madera que les había alquilado un artesano del centro de la ciudad. Estaban jugando naipe en el mismo lugar cuando empezaron a escuchar ruido dentro del establo, entraron a ver y encontraron nuevamente al hombrecito subido esta vez sobre uno de los caballos de madera que habían puesto, intentando trenzarle las crines y al ver que lo habían descubierto nuevamente jaló de las riendas del caballo, cayendo al suelo con todo y la figura del caballo, Sebastián y los otros empezaron a carcajearse al verlo en el suelo, el hombrecito al ver que estaba rodeado de figuras de madera, se echó a correr y jamás volvió a acercarse a esa finca.